Tres colores alcanzan para que toda la mesa se vea pensada: un verde oscuro que ordena, un blanco manteca que da aire y un latón cálido que ilumina. Si querés sumar un cuarto, que sea un tono profundo: el granate de las frutas o el borgoña de las velas.
Si tenés que elegir una sola cosa para invertir, es el mantel: el lino crudo sostiene cualquier plato y cualquier planta. Después la regla es simple: vajilla clara, un solo metal en la mesa y un vaso con tallo para el brindis.
La luz es lo que hace que una mesa se sienta cálida. Apagá las luces blancas del ambiente, bajá las del techo y dejá que la mesa se ilumine desde la mesa misma.